SISTEMA DE LUBRICACIÓN

Entre dos superficies en contacto y en movimiento relativo de una respecto a la otra se crea una fuerza, llamada rozamiento, que se opone al movimiento de ambas superficies. Es decir, que cuando dos superficies tienen movimiento relativo hay una fuerza que lo impide. Esta fuerza está relacionada con las irregularidades de las superficies y con la atracción que ejercen los átomos de la capa superficial de cada uno de los materiales en contacto. Para evitar esta fuerza de rozamiento se interpone entre ellas una capa de lubricante, que disminuye enormemente la fuerza de rozamiento. Esta película de lubricante se divide en tres partes: dos, que quedan adheridas a cada una de las superficies en movimiento y otra intermedia que desliza entre ambas.

Con la lubricación se consigue, además de reducir el rozamiento, reducir el desgaste, evitar la corrosión, evacuar el calor producido en el rozamiento, eliminar las partículas que aparecen debidas al propio funcionamiento, limpiar las paredes de los cilindros de restos de carbonillas generadas en la combustión, amortiguar los golpes y reducir los ruidos.

Los antiguos sistemas de engrase por barboteo actualmente están en desuso. Consistían en que las cabezas de las bielas llevaban unas pequeñas cucharillas que se sumergían en el aceite y por fuerza centrífuga lo lanzaban contra las superficies internas impregnándolas y penetrando en conductos que lo llevaban hasta los cojinetes de bancada y del árbol de levas, para terminar en el cárter. Actualmente el sistema ha evolucionado hasta el denominado engrase a presión.

El esquema del circuito de engrase a presión es el siguiente:

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